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Antes del final del siglo XX, el arte occidental raramente describía la violencia cruel y la emoción transgresora. Claro que Picasso pintó el Guernica y el personaje de Gloucester se sacaba los ojos en escena en el Rey Lear, de Shakespeare. Pero la mayor parte del arte y la literatura era escaso en monólogos interiores del estilo Molly Bloom que encararan con épico detenimiento qué se siente al ser asesinado, qué se siente al ser torturado. Al contrario, los estados extremos de dolor emocional eran descritos, pintados o musicalizados de manera estilizada, incluso por aquellos artistas más gráfi camente apegados a la verdad. Incluso la ira del blues, profundamente emocional, se contiene hasta cierto punto. Socialmente, estamos culturizados para ser lo suficientemente correctos como para no expresar todo el dolor que sentimos cuando lloramos la muerte de un ser querido o el rechazo del ser amado. Se nos enseña a reprimirnos desde la más tierna infancia. La cantante Diamanda Galás salta todas estas barricadas. Es una revolucionaria de la estética.
 

Mark N. Grant. The New Music Box.

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