Schrei 27

Schrei 27 - Davide Pepe y Diamanda Galás - 2011 Por Lucas Rios Santana

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“Schrei 27” es un filme basado en la performance de radio Schrei 27 ySchrei X de Diamanda Galás, quién destaca por su voz, su genialidad para tocar el piano y sus presentaciones. La película se estrenó durante el Festival de performances “Spill” en el Barbican, Londres, donde además de la película de Pepe y Galás, habían instalaciones, música, charlas, etc.

Londres había tenido casi una semana con un sol perfecto, incluso el día del estreno el calor se sentía en el ambiente. Llegando al Barbican me encuentro con aquel hermoso lugar que inspira creatividad y que, si uno no entra y admira la terraza, jamás pensaría que algo así se encuentra en un rincón tan escondido. La hora de la película se acerca y de lejos diviso aGalás conversando con (como después supe) el grupo que trabajó con ella y Davide en la película. Diamanda impone cierto peso, al mirarla uno sabe que ella es de respetar y que se ha hecho conocer por algo. Le encanta la idea de que alguien de Chile la conozca y se pone de inmediato a conversar en español, y pregunta por Absenta Musical, le comento un poco sobre la revista y luego pega un grito despavorido ya que ve que sólo quedan cinco minutos para que empiece el filme. El grito me hizo ver que estaba nerviosa, aunque en verdad, no lo demostraba.

Entré a la sala y en la oscuridad empecé a escuchar sonidos y luego llegaron casi de inmediato las imágenes.

Ojos incesantes buscando una respuesta, destinados a mirar a la nada, a oscurecer su visión e intentar no observar, los párpados se cierran, se agudizan, entran en simetría con la ruptura de los gritos, que rompen cada vez más fuerte en los oídos, haciendo que algunas personas en la sala pongan sus manos sobre sus orejas, intentando apaciguar la tortura que recorre los cuerpos, que gritan incesantes como si fuesen a callar en cualquier momento.

Luego de ello un pequeño golpe de silencio, y nuevamente el bello sonido de la tortura, hermoso, estridente que resuena en los paladares, en cada órgano insistente del cuerpo. La agonía no deja de soltar gritos destinados al encierro, a cercarse en un espacio cerrado, casi inhabitable, un espacio sin salidas.

Los cuerpos no producen palabra alguna, no confiesan sentimiento alguno, sólo dejan que se extraiga todo a través de impronunciables ecos, retumbando en la piel mientras reciben sus culpas, a un paso de la locura y ninguno de la sanidad.

Las imágenes se conjugan con las voces, insistentes, llamando a la libertad, llamando a la vida, o quizás a la muerte, insistentes en dejar olvidar todo aquello que no quieren confesar, toda voluptuosidad encerrada en los tímpanos. Las imágenes repetitivas corrompen los sonidos, y sus intervalos en silencio no nos hacen descansar, sino más bien desesperar porque sabemos que vendrá más.

Los cuerpos terminan, hacen sonidos casi finales, alaridos un poco menos amplios, se minimizan, se extraen. La gente atónita en sus asientos a punto de escapar, sintiendo como el espacio se engrandece de a poco, sintiendo como cada vez más el tormento se encierra en la piel.

El filme comienza de nuevo, y así continúa durante toda la tarde y por dos días.

 

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