La reciente presentación de Diamanda Galás es todo menos minimalista

Escrito por Katherine St. Asaph. Traducido por Equipo de Diamanda Galás México. Fotos por Drew Gurian/Red Bull Content Pool.

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Desde una vieja iglesia en Harlem:

La línea final del poema “La Muerte Vendrá y Tiene Tus Ojos” de Cesare Pavese reza los siguiente: “Cuando decendamos dentro de la vorágine nos quedaremos sin voz”. Concierto doble que fue estrenado por primera véz en Holanda a principios de año y que, después de varios años de ausencia, vuelve a pisar Nueva York.

Para Diamanda, la línea del poema de Pavese es la antítesis de todo lo que la cantante ha hecho los últimos 25 años: desde las manifestaciones políticas ante la crísis de SIDA hasta sus colaboraciones con el famoso bajista de Led Zeppelin, John Paul Jones, pasando por el experimental Ianni Xenakis. Diamanda crea improvisaciones de blues y góspel, reinventando la manera de grabar con su técnica cabaretesca y multifonal en donde notas altas flotan sobre las más bajas como almas afuera de sus cuerpos.

El show tomó forma en la iglesia de Santo Tomás el apostol, una iglesia neo-gótica construida en 1889 que fué casi demolida en su totalidad en 2004. La iglesia es el sitio de una larga batalla para conservarla que aún sigue en pie, y que levanta las dudas de si un concierto es lo suficientemente válido para el uso del lugar. Afortunadamente, el concierto fue lo suficientemente respetuoso. Notable fué la interpretación de “Angeles” de Albert Ayler en la cual, el escenario parecía emerger de la obscuridad; la antiquísima estructura de la iglesia iluminada con un brillo rojiso. Es difícil imaginar un mejor uso para un espacio así.

El estilo de Ayler (saxofón), que recuerda una especie de vibrato cabernoso, fue una influencia temprana para Diamanda y el resto de sus presentaciones. El poema de Pavese fue montado en una especie de aría italiana de la muerte: salvaje e implacable en la exigencia vocal y técnica en el piano. El listado de canciones también incluyó una versión de “Ferdindand” de Jacques Brel, multifónico, operístico y alemán. “O Death”, que ya había sido escuchado en el disco “Guilty Guilty Guilty” junto con “Pardon Me(Tengo que matar a alguien)” fueron presentadas con malicia y un matíz de frivolidad.

Galás estuvo acompañada sólo por su piano y algunos efectos electrónicos, pero de ninguna manera el concierto fue minimalista. Para prueba, la vocalización a la mitad de “O Death”: como si fueran vaqueros aullando a la luna (así lo describió Diamanda a principios de este año), que construyó un tornado, combinándolo con un llanto de una densidad casi tangible, un ruego para salvarse de la muerte, expelido con tanta fuerza y vida como ningún humano puede conjuntar.

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