La reciente presentación de Diamanda Galás es todo menos minimalista

Desde una vieja iglesia en Harlem:

La línea final del poema “La Muerte Vendrá y Tiene Tus Ojos” de Cesare Pavese reza los siguiente: “Cuando decendamos dentro de la vorágine nos quedaremos sin voz”. Concierto doble que fue estrenado por primera véz en Holanda a principios de año y que, después de varios años de ausencia, vuelve a pisar Nueva York.

Para Diamanda, la línea del poema de Pavese es la antítesis de todo lo que la cantante ha hecho los últimos 25 años: desde las manifestaciones políticas ante la crísis de SIDA hasta sus colaboraciones con el famoso bajista de Led Zeppelin, John Paul Jones, pasando por el experimental Ianni Xenakis. Diamanda crea improvisaciones de blues y góspel, reinventando la manera de grabar con su técnica cabaretesca y multifonal en donde notas altas flotan sobre las más bajas como almas afuera de sus cuerpos.

El show tomó forma en la iglesia de Santo Tomás el apostol, una iglesia neo-gótica construida en 1889 que fué casi demolida en su totalidad en 2004. La iglesia es el sitio de una larga batalla para conservarla que aún sigue en pie, y que levanta las dudas de si un concierto es lo suficientemente válido para el uso del lugar. Afortunadamente, el concierto fue lo suficientemente respetuoso. Notable fué la interpretación de “Angeles” de Albert Ayler en la cual, el escenario parecía emerger de la obscuridad; la antiquísima estructura de la iglesia iluminada con un brillo rojiso. Es difícil imaginar un mejor uso para un espacio así.

El estilo de Ayler (saxofón), que recuerda una especie de vibrato cabernoso, fue una influencia temprana para Diamanda y el resto de sus presentaciones. El poema de Pavese fue montado en una especie de aría italiana de la muerte: salvaje e implacable en la exigencia vocal y técnica en el piano. El listado de canciones también incluyó una versión de “Ferdindand” de Jacques Brel, multifónico, operístico y alemán. “O Death”, que ya había sido escuchado en el disco “Guilty Guilty Guilty” junto con “Pardon Me(Tengo que matar a alguien)” fueron presentadas con malicia y un matíz de frivolidad.

Galás estuvo acompañada sólo por su piano y algunos efectos electrónicos, pero de ninguna manera el concierto fue minimalista. Para prueba, la vocalización a la mitad de “O Death”: como si fueran vaqueros aullando a la luna (así lo describió Diamanda a principios de este año), que construyó un tornado, combinándolo con un llanto de una densidad casi tangible, un ruego para salvarse de la muerte, expelido con tanta fuerza y vida como ningún humano puede conjuntar.

Diamanda Galás medita sobre la muerte

Diamanda Galás medita sobre la muerte en su nuevo gran trabajo.

Han pasado 10 años desde que la cantante Diamanda Galás ofreció un último show en la ciudad de Nueva York y 25 desde su infame Misa de la Plaga en la catedral de San Juan el Divino, evento que condenó a la iglesia católica por no tratar la crísis del SIDA. Una pianista poderosa con un rango vocal de tres y media octavas, Galás no es menos que intensa, aún si está interpretando una canción griega de lamento o si se trata de un blues de Blind Lemon Jefferson. Durante la última década, Galás ha estado preparando una pieza mayor mientras ayuda a su madre enferma en California. Nos encontramos con ella antes de sus conciertos en la ciudad de Nueva York -en otra iglesia (que ha sido cerrada desde 2003)- como parte del Red Bull Academy Festival.

¿Dónde has estado la última década ?
Nunca he creído que deba mandar un comunicado de prensa a Nueva York diciendo: “Lo siento, pensé que era más importante estar con mi madre”. La vida es más complicada que sólo hacer conciertos. Hay muchas cosas que les pueden ocurrir a las personas que amas. Cuando estuve trabajando en La Misa de la Plaga, lo dije muy muy claro: si alguien que amas está muriendo, tú debes de comprometerte. Puedo decirlo ahora ya que mi madre se está recuperando, pero es muy dificil cuando tu madre tiene 88. El tiempo se convierte en duda.

¿Cómo es que decidiste presentarte en la iglesia de Santo Tomás el Apóstol?
Red Bull me lo sugirió. Me llevaron a varios sitios y opté por el lugar que consideré que tenía el ambiente y el delay que me gusta. Este lugar es inusual; es muy diferente de San Juan el Divino; tiene su propia belleza.

¿Qué podemos esperar de tus próximos conciertos?
He trabajado en una pieza muy larga -dura casi dos horas- en los últimos tres años. Se llama “Fever Hospital“, pero no presentaré eso en Nueva York aún. El show en esta ciudad incluirá dos poemas suicidas de Cesare Pavese. Él se suicidó, y estos poemas fueron escritos semanas antes de que pasara. Después, interpretaré una pieza escrita por Ferdinand Frelligrath -era el poema favorito de Marlene Dietrich– trata de lo que pasa cuando muere una persona que amas, no sabrás si has sido perdonado, si han quedado en buenos términos. Se la dediqué a mi madre hace algunos años. También interpretaré un par de canciones de Jacques Brel.

Cuándo escucharemos “Fever Hospital” ?
Sigo buscando produtores en los Estados Unidos que hagan más que presentar un trabajo que ya está hecho. No pagaré por eso. “Oh, lo siento, no tenemos el dinero suficiente para que trabajes en esa pieza dos o tres veces semanas en nuestro estudio, pero tenemos el dinero para presentarlo” ¿No es eso ridículo ? Como siempre, trabajaré en europa donde me pagan por crear, lo mismo que hacen muchos artistas que se van a europa a crear para después traer sus trabajos a Nueva York. No quiero hacer de esto una farsa.

Algunas notas sobre el concierto de Diamanda Galás en la iglesia de Santo Tomás el Apóstol en Harlem Nueva York

Estuvimos en la compañía de Dios debajo de arcos altísimos en la iglesia de Santo Tomás el Apóstol, en Harlem Nueva York. Fue un lugar perfecto para presencial la visión poderosa de Diamanda Galás. Aparentemente, el concierto causó inconformidades en el vecindario: miembros de la comunidad no estaban felices con la idea de que la cantante de “Las Letanias de Satán” hiciera su aparición en la venerada iglesia. Afortunadamente, los 3 conciertos se llevaron acabo y los miembros religiosos fueron aplacados.

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El festival Red Bull Music Academy hizo un fino trabajo al montar diferentes espectáculos por diversos y variados escenarios en la Ciudad de Nueva York. Esta hermosa iglesia, con estilo neo-gótico, fue abierta en 1907 y se pretende convertirla en un centro comunitario. Un jóven arquitecto de nombre Thomas Henry Poole fue comisionado pro el Reverendo John J. U. Keogan en 1889 para diseñar una estructura pequeña y temporal para la creciente congregación. Posteriormente, la iglesia compró el terreno de la calle 118 y una nueva iglesia fue comisionada. Thomas Henry Poole, quien claramente tenía un gusto por el alto drama, fue el encargado nuevamente de la arquitectura. El resultado es una extraordinaria y experimental mezcla de estilos góticos. De acuerdo con la A/A Guía de Nueva York, la iglesia es de un “enloquecido eclecticismo”.

Mientras entrábamos aquella noche del jueves, el lugar estaba oscuro y se apreciaban música electrónica para ambientar el lugar. El público se presentó en elegantes atuendo góticos. Las mujeres lucieron hermosamente vestidas con negros vestidos, maquillaje obscuro, y joyeria de plata. Justo antes de que el concierto diera comienzo, una mujer frente a nosotros se retiró su capa y procedió a sentarse en ella junto con su compañero. El hombre no lucía tan elegante, pero hubieron algunos vampiros rondando por ahí en negros atuendos. Me sentí verdaderamente fuera de lugar ya que mi acompañante vestía un vestido totalmente rojo. Galás hizo acto de presencia con una inflección algo dramática y procedió a sentarse al gran piano Steinway.

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Su primer concierto en 8 años, Diamanda Galás cantó óperas, blues, maullidos y gritos. El trabajo musical de Galás es descrito como una amalgama de ópera y blues bajo una sensibilidad gótica. Su apariencia llamativa es engañosa ya que no hay elementos Goth-Rock tradicionales en su música, aunque ella defina lo Gótico en el sentido más clásico. Cuando uno piensa en lo que el Gótico es realmente, puede abarcar las estrellas de synthpop de la escena tradicional británica de la década de los 80´s o a la estética que Flannery O´Connor retrata en el sur de Estados Unidos, hasta la figura seductora de Lord Byron, desde su poesía hasta su persona, de principios del siglo XIX.

Una reseña hecha recientemente por el New York Times la describe como “Continuamente sobrepasa los límites de la música, improvisando, mezclando el canto clásico con gruñidos demoniacos, con matizados y brillosos arranques. Su rango vocal es sorprendente, aunque el verdadero parámetro es desconocido. Los teóricos consideran que abarca desde las 3 octavas y media, hasta las 8, y, como los monjes Gyuto del Tibet, puede usar más de una al mismo tiempo”.

Tengo entendido que la presentación se basa en un trabajo nuevo titulado “Death Will Come And Will Have Your Eyes”. Diamanda cantó variadas canciones que nunca había escuchado antes, utilizando, también, una variedad de lenguajes. Mucho se ha escrito del rango vocal y prodigioso talento de Galás. Lo que yo puedo decir es que cuando se presencia una obra de arte tan perfecta como esta, uno no tiene otra opción mas que la de sucumbir a la belleza, la tragedia y el drama. Las canciones que interpretó tienen profundas raices en la historia de la música occidental, y son una rareza porque combinan estilos antiquísimos pasando por la música de mitad del siglo XX, sombrías como un funeral. El arte a este nivel te hace recordar lo que te hizo acercarte al arte. La experiencia me sigue emocionando.

Schrei 27

“Schrei 27” es un filme basado en la performance de radio Schrei 27 ySchrei X de Diamanda Galás, quién destaca por su voz, su genialidad para tocar el piano y sus presentaciones. La película se estrenó durante el Festival de performances “Spill” en el Barbican, Londres, donde además de la película de Pepe y Galás, habían instalaciones, música, charlas, etc.

Londres había tenido casi una semana con un sol perfecto, incluso el día del estreno el calor se sentía en el ambiente. Llegando al Barbican me encuentro con aquel hermoso lugar que inspira creatividad y que, si uno no entra y admira la terraza, jamás pensaría que algo así se encuentra en un rincón tan escondido. La hora de la película se acerca y de lejos diviso aGalás conversando con (como después supe) el grupo que trabajó con ella y Davide en la película. Diamanda impone cierto peso, al mirarla uno sabe que ella es de respetar y que se ha hecho conocer por algo. Le encanta la idea de que alguien de Chile la conozca y se pone de inmediato a conversar en español, y pregunta por Absenta Musical, le comento un poco sobre la revista y luego pega un grito despavorido ya que ve que sólo quedan cinco minutos para que empiece el filme. El grito me hizo ver que estaba nerviosa, aunque en verdad, no lo demostraba.

Entré a la sala y en la oscuridad empecé a escuchar sonidos y luego llegaron casi de inmediato las imágenes.

Ojos incesantes buscando una respuesta, destinados a mirar a la nada, a oscurecer su visión e intentar no observar, los párpados se cierran, se agudizan, entran en simetría con la ruptura de los gritos, que rompen cada vez más fuerte en los oídos, haciendo que algunas personas en la sala pongan sus manos sobre sus orejas, intentando apaciguar la tortura que recorre los cuerpos, que gritan incesantes como si fuesen a callar en cualquier momento.

Luego de ello un pequeño golpe de silencio, y nuevamente el bello sonido de la tortura, hermoso, estridente que resuena en los paladares, en cada órgano insistente del cuerpo. La agonía no deja de soltar gritos destinados al encierro, a cercarse en un espacio cerrado, casi inhabitable, un espacio sin salidas.

Los cuerpos no producen palabra alguna, no confiesan sentimiento alguno, sólo dejan que se extraiga todo a través de impronunciables ecos, retumbando en la piel mientras reciben sus culpas, a un paso de la locura y ninguno de la sanidad.

Las imágenes se conjugan con las voces, insistentes, llamando a la libertad, llamando a la vida, o quizás a la muerte, insistentes en dejar olvidar todo aquello que no quieren confesar, toda voluptuosidad encerrada en los tímpanos. Las imágenes repetitivas corrompen los sonidos, y sus intervalos en silencio no nos hacen descansar, sino más bien desesperar porque sabemos que vendrá más.

Los cuerpos terminan, hacen sonidos casi finales, alaridos un poco menos amplios, se minimizan, se extraen. La gente atónita en sus asientos a punto de escapar, sintiendo como el espacio se engrandece de a poco, sintiendo como cada vez más el tormento se encierra en la piel.

El filme comienza de nuevo, y así continúa durante toda la tarde y por dos días.

 

- Diamanda México -