Schrei 27

“Schrei 27” es un filme basado en la performance de radio Schrei 27 ySchrei X de Diamanda Galás, quién destaca por su voz, su genialidad para tocar el piano y sus presentaciones. La película se estrenó durante el Festival de performances “Spill” en el Barbican, Londres, donde además de la película de Pepe y Galás, habían instalaciones, música, charlas, etc.

Londres había tenido casi una semana con un sol perfecto, incluso el día del estreno el calor se sentía en el ambiente. Llegando al Barbican me encuentro con aquel hermoso lugar que inspira creatividad y que, si uno no entra y admira la terraza, jamás pensaría que algo así se encuentra en un rincón tan escondido. La hora de la película se acerca y de lejos diviso aGalás conversando con (como después supe) el grupo que trabajó con ella y Davide en la película. Diamanda impone cierto peso, al mirarla uno sabe que ella es de respetar y que se ha hecho conocer por algo. Le encanta la idea de que alguien de Chile la conozca y se pone de inmediato a conversar en español, y pregunta por Absenta Musical, le comento un poco sobre la revista y luego pega un grito despavorido ya que ve que sólo quedan cinco minutos para que empiece el filme. El grito me hizo ver que estaba nerviosa, aunque en verdad, no lo demostraba.

Entré a la sala y en la oscuridad empecé a escuchar sonidos y luego llegaron casi de inmediato las imágenes.

Ojos incesantes buscando una respuesta, destinados a mirar a la nada, a oscurecer su visión e intentar no observar, los párpados se cierran, se agudizan, entran en simetría con la ruptura de los gritos, que rompen cada vez más fuerte en los oídos, haciendo que algunas personas en la sala pongan sus manos sobre sus orejas, intentando apaciguar la tortura que recorre los cuerpos, que gritan incesantes como si fuesen a callar en cualquier momento.

Luego de ello un pequeño golpe de silencio, y nuevamente el bello sonido de la tortura, hermoso, estridente que resuena en los paladares, en cada órgano insistente del cuerpo. La agonía no deja de soltar gritos destinados al encierro, a cercarse en un espacio cerrado, casi inhabitable, un espacio sin salidas.

Los cuerpos no producen palabra alguna, no confiesan sentimiento alguno, sólo dejan que se extraiga todo a través de impronunciables ecos, retumbando en la piel mientras reciben sus culpas, a un paso de la locura y ninguno de la sanidad.

Las imágenes se conjugan con las voces, insistentes, llamando a la libertad, llamando a la vida, o quizás a la muerte, insistentes en dejar olvidar todo aquello que no quieren confesar, toda voluptuosidad encerrada en los tímpanos. Las imágenes repetitivas corrompen los sonidos, y sus intervalos en silencio no nos hacen descansar, sino más bien desesperar porque sabemos que vendrá más.

Los cuerpos terminan, hacen sonidos casi finales, alaridos un poco menos amplios, se minimizan, se extraen. La gente atónita en sus asientos a punto de escapar, sintiendo como el espacio se engrandece de a poco, sintiendo como cada vez más el tormento se encierra en la piel.

El filme comienza de nuevo, y así continúa durante toda la tarde y por dos días.

 

Reseña Concierto en Wroclaw

Sábado 27 de Julio 2013
Lugar: Wroclaw

Es el Festival de T-Mobile  “Nuevos Horizontes”, Diamanda Galás dueña de una de las voces femeninas más originales e inusuales de nuestros tiempos, dotada de tres y media octavas de rango. La estrella más grande durante el festival. 


Diamanda son varias vidas en una persona, una cantante, una cantante de ópera, una virtuosa del piano, compositora, intérprete, artista visual. Su característica radica  en aquella transición suave de las voces operísticas hacia un amplia gama de lamentos emocionales, murmullos, susurros misteriosos y frenéticos gritos. El ámbito de la experimentación vocal, radica en aquello que no tiene igual.

Fotos por Joanna Stoga:

 

Diamanda Galás en Wroclaw

Parte 1:

 

 

Parte 2:

 

 

Diamanda Galás: Inicio en Seattle

Foto y texto por Diane Webb

Diamanda Galás comienza su Tour en el Teatro Neptuno en Seattle

Abriendo su tour en Seattle, Diamanda Galás arribó a un escenario apenas iluminado a las 9:10 pm, atabiada con un largo vestido negro, hizo una pausa momentánea para reconocer a sus fans en un Teatro Neptuno completamente agotado en el Distrito Universitario de Seattle. Después se sentó al gran piano colocado al centro del escenario.

El teatro iluminado todo en rojo, excepto por las luces que iluminaban el centro del escenaro, incluyendo el piano. Con gracia, Diamanda comenzó a tocar el piano y a cantar en tono operístico. El público quedó atrapado desde el comienzo, y aplaudió después de su primera interpretación para quedar súbitamente en silencio. Silencio, al grado de que se podía escuchar un susurro desde el otro lado del teatro. Nadie se atrevía a hablar.

Después de una pausa momentaria, Diamanda comenzó con su segunda interpretación de la noche. Mientras que sus manos acariciaban las teclas del piano, ella entonaba letras en alemán en un tono tan profundo e intensamente grave, mientras los presentes observábamos cada movimiento. Al final de cada canción, Diamanda tomaba algunos segundos para beber agua y entonces procedía con la siguiente canción. Cuando la tercera canción comenzó, el humo comenzó a cruzar el escenario y poco a poco cubrió todo el lugar mientras que Diamanda magistralmente controlaba su canto de múltiples octavas. Para los presentes, Diamanda parecía no ejercer ningún esfuerzo. Después, tan rápido como comenzó a cantar, la canción terminó y las lucez rojas permanecieron. Ella dirigió una mirada a su audiencia junto con una sonrisa burlona. El control de su voz combinado con el control escénico es lo que la caracteriza, y es la razón por la que sus fans la han seguido por años.
A la mitad del concierto comencé a sentir una necesitad de cantar, pero justo en ese preciso momento me percaté de que un fan, que estaba en la parte trasera del teatro, ya había experimentado la misma necesidad e inspiración que la música provocaba. Ella se movía lentamente y a la vez desprendía tanta energía que nosotros absorbiamos de su presentación.

Transitando a su siguiente canción, las luces posteriores iluminaron el escenario, mientras que las luces más altas se hicieron más claras e iluminaron a la audiencia. Claramente se podían observar partituras colocadas en la parte superior del piano, y por primera vez en la noche se podía observar completamente a la sirena que cantaba multi octavadas notas que se transformában en ruidosos susurros. Mientras volteaba, de nueva cuenta, al rededor del teatro, noté que existían dos tipos de fans: los que se concentraban en cada movimiento de Diamanda, y los que cerraban los ojos para concentrarse en cada nota musical.

Dentro de la siguiente canción, Diamanda gritó de manera intempestiva y dejó de tocar. Después, explicó que la canción era demasiado triste. Así que rapidamente buscó en sus partituras para seleccionar una canción diferente mientras los asistentes reían, gritaban y aplaudían. Las luces cambiaron a un rojo total exceptuando una luz superior que permaneció clara. Otras dos lámparas iluminaron el piano con un tono anaranjado que hizo que su pelo pareciera un destello de sol cálido de verano. Ella obsequió una canción más energetizando, de nueva cuenta, el escenario, mientras que la concurrencia saltó de sus asientos para exigirle una canción más. De esta manera regresó al escenario para presentar el primero de sus dos encores.

Después del segundo encore, Diamanda se acercó al filo del escenario e hizo una reverencia para agradecer a la audiencia. Su presentación fué absolutamente cautivadora. Todoas y cada uno de los asistentes se levantaron para darle una ovación de pie con la esperanza de que ella regresaría para cantar otra canción.

La presentación de Diamanda Galás fue hermosa, encantadora, intensa, un poco aterradora con una dósis de blues en su manera de tocar el piano. Diamanda brindó una presentació como ninguna. Si tienes la oportunidad de asistir a una de sus limitadas presentaciones, definitivamente tienes que asistir. Haz el intento de ir. Diamanda es una artista de altos niveles. Qué gran experiencia nos regaló en Seattle.

Siguientes fechas:
Abril 3 – Los Angeles, CA @ Cathedral of St. Vibiana
Abril 5 – Los Angeles, CA @ Cathedral of St. Vibiana
Abril 8 – San Francisco, CA @ The Masonic
Abril 11 – New Orleans, LA @ Joy Theater
Abril 14 – Austin, TX @ Paramount Theatre
Abril 17 – Chicago, IL @ Thalia Hall

All The Way

 

Por Carlos Pérez de Ziriza | 18 Abril, 2017

Adiestrada en el bel canto, curtida desde hace más de tres décadas en los tentaderos de la vanguardia y propensa a enfatizar el amplio rango de emociones de su versátil y siempre inquietante timbre vocal, muy por encima de las reglas más elementales de la armonía pop, la californiana Diamanda Galas pasa por su particular tamiz un puñado de clásicos del jazz, el folk o el country, hasta dejarlos -como era de esperar- prácticamente irreconocibles respeto a sus lecturas originales. Es este su primer álbum en casi una década, tras el directo “Guilty Guilty Guilty” (Mute, 2008), y se publica de forma simultánea a su nueva grabacón en vivo, aquel “At Saint Thomas the Apostle Harlem” (Intravenal Sound Operations, 2017) registrado para la Red Bull Music Academy.

En este “All The Way” pasa por su inconfundible filtro un puñado de incunables de la música popular, algunos incluso recuperados de nuevo para la causa, como es el rescate del “You Don’t Know What Love Is” -popularizado por Carol Bruce en los años 40 (en una de las adaptaciones más identificables)- o de ese tradicional folk que es“O Death” (ya aparecía en su último disco en vivo), que se configura como el opus central de álbum y auténtico tour de force, una escalofriante reinterpretación en la que ella misma asume que hay jazz, bebop, blues, y sonido de Nueva Orleans: casi todas sus influencias en poco más de diez minutos.

Entre ambos extremos, entre cierto amago de normatividad y la más pura disidencia sonora, hay tiempo para una “All The Way” (popularizada por Sinatra) que troca dulzura por una amarga confesión de jazz gótico, una “The Thrill Is Gone” (Chet Baker) morigerada en ritmo pero intensificada en morbidez por su agonizante relectura (marca de la casa), una “Round Midnight” que no es más que una adaptación sui genereis al piano del clásico de Thelonious Monk (y el único receso en el que su voz se ausenta) y una “Pardon I’ve Got Something To Kill” que transforma el country outlaw de Johnny Paycheck en una suerte de gospel heterodoxo. Aunque mentar la heterodoxia sea, en su caso, mera tautología.

- Diamanda México -